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El desarrollo de la entretención itinerante es algo que nos remite a la infancia más temprana, en la que la visita de los circos nos provocaba, entusiasmo y temor, nunca sabíamos la sorpresa que preparaban los y las artistas circenses, por lo que la motivación para asistir a una función era exacerbada por esta tensión.

Es que el circo. actividad itinerante por excelencia, es una verdadera seña de identidad y los hay gloriosos y fastuosos hasta pobres y lastimosos, y algunos que han lindado en el patetismo. Pero ahí están y siguen siendo parte del paisaje urbano, especialmente en primavera con las Fiestas Patrias o el verano.

No obstante, como varias otras instituciones humanas que caracterizaron la vida social chilena, han sido testigos de la transformación socio cultural de nuestro país y, con ello, se han incrementado exigencias de calidad como de tratamiento de sus atracciones, principalmente animales. Es que la modernidad conlleva la valoración de dimensiones sociales nuevas que han pasado a convertirse en temas de agenda pública. Entre ellos el tema del trato con animales prisioneros que no tienen la opción de elegir, menos de exigir, un trato digno y acorde con su condición .

Recientemente el propietario de un importante circo chileno, miembro de un dúo de payasos con alta exposición mediática en una época, ha sido noticia por sospechas de maltrato animal, práctica que hasta hace muy poco era tolerada por la sociedad y la legislación chilena. Sin embargo, la detención de este empresario circense, fuera del impacto mediático, lo que nos pone en cuestión es lo refractarias que son algunas prácticas sociales en reinventarse y cumplir con los nuevos estándares éticos y sociales.

Esto ha llevado a que una comuna, que se ha destacado por iniciativas interesantes tales como las Farmacias Populares o traer el WOMAD, festival de innovación artística multicultural creado por Peter Gabriel hace muchos años, convirtiendo a Chile en el primer país latinoamericano en ser un destino de esta actividad artística, se ha visto en la necesidad de dictar una ordenanza que prohíbe a los circos el uso de animales, atendiendo con ello la demanda de movimientos sociales animalistas. Se trata de la Comuna de Recoleta.

Es un primer paso que más que limitar la actividad circense la obliga a profesionalizarse y a modificar sus rutinas de entretención, dejando fuera de ellas a los animales, víctimas involuntarias de espectáculos que ya no dan el ancho. Los circos chilenos tienen que reinventarse pues la sociedad cambió y lo que ahora se valora son otras actividades artísticas, con niveles más altos de rigor y creatividad artística.

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

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