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ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

Para muchas personas, incluido un Presidente de un importante y poderoso país, el cambio climático es sólo una estrategia para impedir el crecimiento económico con la excusa que los recursos naturales no son renovables. Se apoyan, por supuesto, en datos proporcionados por grupos de científicos que todavía inspirados en el paradigma de la razón proponen que todo esto siempre podrá ser corregido por la ciencia y la tecnología.

Y, entonces, el tema queda en manos de cineastas y documentalistas, amén de un grupo de locos, los ecologistas, que difunden visiones catástrofistas sobre el futuro del planeta y la humanidad como consecuencia de este fantasmagórico suceso que atenta contra las bases del sistema económico global. Puro alarmismo.

Pero los hechos, los porfiados hechos, que son los que al final nos permiten validar hipótesis, son cada vez más consistentes en la recurrencia de situaciones que, a estas alturas, ya muy poca gente no asocia con el mal habido “cambio climático”. En otras palabras, la realidad es mucho más dramática que lo retratado por cineastas que han hecho de este tema un género.

En efecto, la nota que destacamos publicada el 19 de Enero de 2018 en El Mostrador, diario digital que a su vez la toma de una crónica de la BBC, nos pone de frente a la grave situación que está experimentando una gran urbe africana, Ciudad del Cabo, la que está afectada por una feroz sequía de años, lo que conjugado al aumento de la población y por ende el consumo de agua, le ha puesto una fecha fatal: el 21 de abril de 2018 como el punto cero, es decir, como el momento en que la escasez de agua será prácticamente total.

Pero este no es un hecho aislado y que podría ser explicado por la geografía africana. A ello debemos sumar que el hemisferio norte ha experimentado el invierno más crudo en años y que en distintos lugares del planeta la contaminación atmosférica este obligando a los gobiernos a implementar las medidas más restrictivas y rigurosas de las que se tenga memoria. 

Parece que el fenómeno ha calado tan profundo que ese presidente que altanera y bobamente renuncia al Acuerdo de París como primera medida de su nefasto mandato, hoy, con la cola entre las piernas insinúa, a través de redes sociales, que está repensando esta medida.

En ese contexto es altamente valorable las valientes e innovadoras medidas que impulsó el actual gobierno chileno, ya en sus últimos días de vigencia, como promover el uso de fuentes de generación de energía renovable no convencionales, logrando con ello una diversificación de la matriz energética más importante de su historia, así como una legislación que permite que los ciudadanos produzcan energía para su propio consumo y que los excedentes los puedan revender a las distribuidoras, así como el precio de la energía más barato del planeta. Logros que la mayoría de este país no ha aquilatado. 

Junto a lo anterior, y muy consistente con esta estrategia de diversificación de la matriz energética, también ha tenido la valentía de rechazar proyectos hidroeléctricos que en este escenario serían resabios de un modelo extractivista insustentable. Quizás si el único punto negro que en este contexto se puede relevar de esta gestión es la incapacidad de reformar el Código de Aguas y restituir la soberanía nacional en el recurso agua. Pero ello es cosa de tiempos.

El conjunto de elementos de este panorama nos obliga como ciudadanos a impulsar medidas de uso eficiente del agua y a dedicar cada vez más tiempo a la educación ambiental en niños para que las futuras generaciones tengan una conducta más responsable con el planeta.

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

 

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