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ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

Recogemos y destacamos el artículo de Esteban “Teo” Valenzuela que resume de manera muy clara los consensos y disensos entre cinco de las ocho candidaturas a la Presidencia en esta tan particular elección.

La descentralización, entendida como profunda reforma del Estado, dando paso a la diversidad y la autonomía de niveles de gobierno distintos al central es una palanca que ha permitido, prácticamente en todos los países donde se ha implementado en serio, lograr mayor democracia, mayor compromiso de la ciudadanía con los objetivos de desarrollo y con el control ciudadano de la gestión pública. También, como es el caso español, pese a la controversia catalana que es preciso entenderla en un contexto histórico mayor, el haber avanzado en la configuración de Autonomías, como un nuevo modelo de organización del Estado Español, le permitió alcanzar niveles de pacificación importante en conflictos como el vasco y, por sobre todo, le exigió a regiones hasta antes de ello invisibilizadas por el centralismo franquista, a desplegar esfuerzos por lograr que su instalación en el mapa político, social, económico y cultural de esa España descentralizada, fueran lo suficientemente importantes como para hacer coincidir las expectativas de las élites promotoras de dicha transformación con las de las comunidades autónomas. Una suerte de federalismo atenuado que ha implicado un salto cualitativo en la democracia. Hoy, en España, es perfectamente posible que el nivel central sea gobernado por una fuerza política (o coalición) y las regiones o autonomías, lo sean por otra opuesta a la central. Y no hay crísis.

La timidez con la que se ha avanzado en nuestro país en este tema responde a una serie de condiciones estructurales: Desde el centralismo cultural con la que se ha conformado la nación chilena, pasando por la dificultad para entender el tamaño adecuado de las regiones, y sus capacidades de autosuficiencia económica; las frustradas experiencias de desarrollo del municipalismo chileno que si bien es cierto han logrado apropiarse de su rol, también es cierto que han fracasado como administradores y gestores de servicios claves como la educación. Y, por cierto, dado una serie de insuficiencias en el marco regulatorio de la actividad política que han dado paso a caudillos locales que utilizan los recursos públicos para estar en campaña permanente; nepotismo; zonas opacas de gestión e incumplimientos graves con mandatos legales tan esenciales para la democracia como mantener al día Planes e Instrumentos de Desarrollo que estén alineados con lo que las comunidades necesitan. Y, por cierto, que las Cuentas Públicas de las autoridades locales sean consistentes con los objetivos y metas propuestos por esos planes y no meros ejercicios propagandísticos. Nada de eso vemos y, más bien, impera la arbitrariedad y el incumplimiento de estas exigencias legales, los que, por supuesto, no tienen castigo alguno para las autoridades electas. Son fallas de un proceso mal implementado y que requiere cirugía mayor en algunos aspectos (límites a la reelección; prohibición de elección de concejales emparentados con alcaldes; referéndum o plebiscito comunal revocatorio; contraloría social efectiva, etc.).

En el ámbito de las regiones el retraso es mayor y lo más inquietante es que se ha actuado por efectos de la presión más que por el efecto del análisis técnico y político fundado. Nos parece que la creación de nuevas regiones como respuesta a demandas de caciques locales no es una manera seria de avanzar en el empoderamiento de las regiones y su sustentabilidad de largo plazo.

En síntesis el panorama es desafiante y exige de la autoridades electas, especialmente en el contexto de un debate inminente sobre una Nueva Constitución, respuestas más serias y de largo aliento. Por ello vale la pena revisar el artículo de Valenzuela pues refleja lo que cada candidato piensa hacer al respecto. Las conclusiones sáquelas usted, querido lector, nuestro rol en este caso es simplemente amplificar los debates.

 

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

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