ONG CIPDEL

ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

Entre las personas que nos dedicamos a estudiar y promover el desarrollo local, la ciudad de Detroit es un paradigma de las terribles consecuencias que tiene sobre la dinámica de una localidad  la caída de la actividad económica que le daba sustento. En el caso mencionado la crísis y cierre de la industria automotriz norteamericana debido a una conjunción de factores, entre los que podemos mencionar la aparición de autos de menor consumo de combustible e igual prestación, más baratos además – provenientes principalmente desde Japón y Corea – y, fundamentalmente, los inevitables procesos de deslocalización que han intensificado el desplazamiento de plantas de armado de autos, completas, hacía países con menores regulaciones y costos laborales, típico fenómeno derivado de la globalización, el caso es que ciudades pujantes y vitales hasta la década del setenta del Siglo XX como la mencionada Detroit, se han convertido en “pueblos fantasmas” en las que mantener seguridad y orden, así como el funcionamiento habitual de la porción de ciudad que intenta – incansablemente – sobrevivir, es cada día una hazaña. El cine ha inmortalizado el declive de la ciudad de Detroit en “ROBOCOP”, una película de culto, en la que aparecen las tensiones entre una población que se aferra a su terruño y los intereses económicos que quieren “reconvertir” el trozo de ciudad aún sobreviviente, en edificaciones modernas y de alto valor,  con sus evidentes consecuencias de más desplazamiento, segregación y empobrecimiento.

Pero el modelo del desarrollo local dependiente de una sola actividad es extendido y, desgraciadamente, replicado y atractivo, por sus rápidos resultados: incremento de los empleos, aumento de ingresos y mejoramiento de condiciones de vida y consumo de los habitantes de la localidad. Flor de un día…..que puede tener, por cierto, mucho más que 24 horas…

La noticia que nos convoca a esta reflexión se titula “La decadencia en la capital petrolera de México ante el ocaso del yacimiento de Cantarell”, publicada en el diario digital español “El País” (para ver nota pulse sobre el título destacado), que da cuenta de la caída económica de una ciudad mexicana como resultado del agotamiento del petróleo. Una situación que nos lleva a pensar en los casos de las ciudades mineras de Chile ante el eventual agotamiento del recurso cobre. Y la pregunta que surge, inevitablemente, es si estamos preparados para una situación como esa. Y cómo lo estamos haciendo.

A la luz de estos casos trágicos y recurrentes, cada vez más, resulta destacable la decisión política de Noruega de destinar todos los excedentes, vía tributos,  de la industria petrolera a la creación y mantención de un FONDO DE INVERSIONES PÚBLICO, que administra estos recursos que los define como “de todos los noruegos”. Este fondo de inversiones es el más grande del planeta y es administrado por el Estado con restricciones éticas severas: No invertir en proyectos o países en los que haya corrupción o en aquellos que atenten contra el medio ambiente, por ejemplo.

La falta de previsión, el exitismo de corto plazo, las presiones de grupos de interés, la evidente rentabilidad política de emplear esos recursos en otorgar beneficios insostenibles, son las causas de estas estrategias monoproductivas que tienen fecha de vencimiento. Es de esperar que el mayor acceso a información acerca de estos casos de “desarrollo frustrado”, ilumine a nuestras autoridades locales y a nuestra élite y tomen medidas de largo plazo que nos eviten estas situaciones. 

En el caso de Ciudad del Carmen, existen felizmente opciones, que son factibles pero que requieren de un gran esfuerzo nacional y de gestión técnica y política local. Pero en el caso de otros no. Trágico.

 

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

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