ONG CIPDEL

ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

En muchas ocasiones, más de las que quisieran probablemente, los planificadores y los decisores que gestionan territorios y lugares que tienen características de algún interés, deben evaluar entre la preservación de esa condición o en su reemplazo por “algo” más nuevo y atractivo para los inversionistas. Los dilemas de la planificación, en la lógica del desarrollo local, implican habitualmente estas situaciones. Las razones son casi siempre las mismas: Un territorio que presenta atributos que lo hacen interesante para alguna actividad económica, o que los planificadores, por mandato de las autoridades que gobiernan esos territorios, que son niveles menores de un territorio mayor, deben hacerlos competitivos para la inversión económica, tienen que intervenirlos de un modo que agreguen valor al atributo principal que caracteriza ese territorio. Estos atributos pueden ser muy variados, desde espacios geográficos que tienen particulares características que los hacen únicos a construcciones que han sobrevivido el paso del tiempo, exigen, la mayoría de las veces, toma de decisiones cruciales. ¿Cómo poner en valor el territorio y su especificidad, hacerlo visible e interesante para la economía (incrementar el consumo de ese atributo en particular) protegiendo al  mismo tiempo esa condición de modo que sea sustentable en el tiempo?. Un dilema no menor pues ya la historia social y económica nos ha permitido conocer experiencias de depredación de un bien localizado en un territorio y lo efímero del bienestar alcanzado. Quizás si la más emblemática de una situación de ese tipo sea la ciudad de Detroit, en Estados Unidos.

El desarrollo local, como un proceso de lectura e intervención dialéctico entre el interno, los atributos propios del territorio, su gente, su cultura, y el entorno, es decir, el resto de la economía mundial, los consumidores, los que importan como beneficiosos para dinamizar el territorio analizado, es un proceso que requiere finura y sensibilidad, inteligencia ( al decir de Boisier) y voluntad política. No siempre una recomendación de planificadores que es tenida en cuenta por la autoridad en su decisión de inversión, incluso opuesta en ocasiones a lo que las comunidades sociales perciben como deseable, es fácil de sostener en el tiempo. Se requiere que la decisión  sea, efectivamente, bien documentada. ojalá consensuada con la comunidad, y sostenida por las autoridades, a pesar de presiones contrarias.

El caso que queremos destacar en esta ocasión trata de la ciudad amurallada de Spoleto, una joya arquitectónica enclavada en una zona de Umbría, Italia  (la noticia puede verla pinchando el link) y la inteligente decisión de excluir el automóvil del tránsito interno en la ciudad y reemplazarlo por una red de vías dedicadas exclusivamente al tránsito peatonal que demuestra que no siempre el desarrollo local es facilitar la cohabitación de lo antiguo, lo exclusivo, con la comodidad de las prácticas de vida de nuestra época moderna, en este caso el automóvil. Tener la valentía de invertir en preservación y protección del atributo que hace destacable un territorio, aunque sea a costa de hacer que el acceso sea más exigente, es una cualidad de autoridades, planificadores y comunidades auténticamente comprometidas con el desarrollo local sostenible. Les recomendamos, entusiastamente, revisar la noticia y tenerla en mente, más aún cuando a cada momento en los territorios periurbanos de nuestras ciudades, grandes o pequeñas, estamos conociendo casos de decisiones “supuestamente” económicamente rentables, pero que en el largo plazo sólo representan deterioro y pérdidas definitivas de atributos valiosos para las nuevas generaciones.

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente 

 

Créditos de Imagen: www.umbriainmobiliare.it

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