ONG CIPDEL

ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

La reutilización del plástico, presente en nuestra vida diaria de manera casi absoluta, ya dejó de ser una novedad. Es una necesidad. 

Las razones para ello son múltiples, pero quizás las más poderosas tienen que ver con su lenta degradación como sustancia, alrededor de 600 años para algunos productos como puede apreciarse en la imagen que encabeza este comentario….Por ende, la omnipresencia del plástico,  útil y barato, se convierte con la acumulación en verdaderos dolores de cabeza para las administraciones locales que deben retirar y disponer este tipo de artefactos, sin muchas posibilidades más que enviarlos al relleno sanitario, complejizando el manejo del mismo. O, como más frecuentemente aún, y tristemente debiéramos agregar, el plástico se acumula en calles y cursos de agua, o en el mar formando islas enormes (estimaciones sobre algunas de ellas ya hablan de continentes flotantes), perjudicando directamente los ecosistemas. Todo ello – naturalmente – con la complicidad del ser humano.

Muchas comunas y ciudades, así como también los Estados nacionales, han emprendido iniciativas de todo orden con el fin de evitar que sigan amontonándose inútiles y contaminantes cerros o islas de plástico. Algunas con apelación a la comunidad (“No compre en bolsas plásticas”); otras promoviendo centros de acopio y, finalmente, los Estados promoviendo leyes de responsabilidad ambiental que obligan, en teoría, al productor a mantener sistemas de trazabilidad de sus productos y retirar oportuna y eficientemente los residuos que provocan. Nada de ello parece contener la invasión, nada de ello parece tener efecto en la conciencia ciudadana que – simplemente – hace caso omiso a todas estas medidas. Es indignante percibir, en Chile,  cómo las personas hacen mal uso, o lo que es peor, ignoran el uso de los centros de acopio. O creen que es un vertedero que tiene que recibir cualquier cosa, o sencillamente, tiran, sin culpa ni sentido de solidaridad social, los residuos de plástico convencidos que “algún momento los retirará la Municipalidad”. Estas situaciones plantean desafíos a la gestión de las administraciones locales que implican revisiones en sus Ordenanzas, haciendo más severa las multas; en sus equipos de Inspección Municipal, la cantidad de ellos, sus funciones y competencias, en el registro o empadronamiento permanente de los residentes y sus domicilios  y, por supuesto,  en los programas de educación ambiental que sean necesarios.  Todo ello para aspirar a tener algún grado de éxito en la tarea de minimizar la presencia de plásticos u otros reciclables.

Como el proceso de cambio cultural que conlleva esta tarea es lento, y como sabemos que con discursos no se administra una ciudad, una empresa constructora holandesa ha propuesto, vea el artículo completo aquí , emplear el plástico para confeccionar “pavimento”. Una ingeniosa forma de transformar un problema en una oportunidad.

Es una iniciativa interesante, que tendrá que ser evaluada, pero a todas luces es una tremenda propuesta que abarata costos de pavimentación y resuelve por un largo tiempo, qué hacer con estos cerros de plástico que la humanidad alegremente va produciendo como futuras lápidas de lo actualmente viviente.

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

 

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