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ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

 

El tráfico automotriz, hay consenso científico y empírico al respecto, es uno de los mayores contribuyentes al problema de la congestión y, por ende, a la contaminación atmosférica en las grandes ciudades. Y es un problema político cada vez más relevante. 

Es el clásico ejemplo de bienes o derechos en conflicto: Por un lado la libertad de tránsito y de propiedad y por el otro, el derecho a vivir un ambiente saludable. No hay una solución perfecta para ello y alguno de los bienes en conflicto debe ser sacrificado en pos del otro. Y, lógicamente, la forma de resolver esa disyuntiva es determinando una jerarquía de bienes, en las cuales la vida humana saludable sea el bien superior.

El artículo que comentamos, publicado en la Tercera digital de hoy (23 de enero de 2017), da cuenta de la lucidez y valentía de dos alcaldes de importantes capitales europeas, para enfrentar a automovilistas y grupos políticos y han decidido excluir del tránsito por las grandes avenidas de Madrid y París, a los automóviles particulares. Es una medida de restricción total, exceptuando a los residentes. Las razones son evidentes: altos niveles de polución y clara evidencia que ella se debe al tránsito de automóviles particulares. Buscan la peatonización de vías de gran confluencia de tráfico y priorizar el transporte público y la bicicleta. Pero no sólo están restringiendo vehículos particulares, ahora. Se han sumado activamente a la red de ciudades, entre las cuales se encuentra ciudad de Máxico,  que promueve el fin de los autos diesel para 2025.

Interesantes reflexiones nos surgen al leer esta noticia, particularmente frente al modo en cómo se está tratando el tema en nuestro país, Chile, especialmente en las ciudades intermedias que cada día caminan galopantes para repetir la situación de Santiago Metropolitano. Un desenfreno que ha sido, y seguirá siéndolo, un problema político cada vez más crucial, pero al cual nadie está realmente dispuesto a enfrentar con medidas fuertes y que privilegien el ambiente, la vida y la calidad del transporte público. Es mucho más fácil congraciarse con las clases medias, emergentes y aspiracionales, que convencidas con una ilusoria idea de progreso, terminan imponiendo límites insostenibles a la libertad política y la calidad de vida de las mayorías. Un problema de educación y solidaridad social que no forma parte del imaginario de estas nuevas generaciones de chilenas y chilenos.

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

 

 

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