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ONG Centro de Innovación para el Desarrollo Local

ARAUCARIAS

 

La araucaria chilena o Pehuén, una variedad de conífera propia de los bosques subantárticos localizados en la Cordillera de Los Andes y parcialmente también en la Cordillera de la Costa, árbol símbolo de una cultura vinculada al consumo del piñon, los “pehuenches”, gente del pehuén en mapudungun,   que es el fruto de este árbol que puede llegar a medir 55 metros de altura y tener un diámetro de  3 metros y más de ancho y que puede vivir varios cientos de años (se estima en algunos casos hasta mil años) se encuentra, según la noticia que destacamos, en peligro: estaría muriendo de hambre a consecuencia del denominado cambio climático, 

El mundo científico viene señalando hace un rato largo ya, que el uso de combustibles fósiles en primer lugar, y todas sus externalidades latamente estudiadas e identificadas, son los causantes de estos cambios en el comportamiento de los climas del planeta que están dañando irreparablemente ecosistemas frágiles y escasos como es el de este árbol. Pero, quizás si la razón de fondo de este problema sea un estilo de vida depredador que concibe a todo lo natural como un recurso y que confía en el “rol de la ciencia” como el elemento de salvación o reparación. Hay, debajo de este drama, decisiones de vida, de todas y todos, que sustentados en la ideología del crecimiento infinito avalado en la tecnología, sacrifican medio ambiente en función de intereses económicos y de productividad. Lejos de este razonamiento se encuentra la concepción de sustentabilidad.

La prolongada e inmanejable sequía que está provocando en lugares del planeta que se caracterizaban por ser climas templados fríos, provoca un déficit energético en estos arboles que los está matando, literalmente de hambre. Estudios que se destacan en la nota, llaman la atención sobre este fenómeno y coinciden en identificar al responsable.

Desde este espacio no nos queda más que agregar que un ecosistema tan bello y frágil, que ha sostenido por miles de años a culturas que han sabido convivir con él, se encuentra amagado y con ello conlleva profundas consecuencias negativas para estrategias de desarrollo local que esperan hacer un uso sustentable de estas especies y este ecosistema. Alarmante y desafiante. ¿Nos quedamos impávidos esperando fatalmente el desenlace? La respuesta es no, y para ello es preciso que la comunidad local, las autoridades locales responsables de la administración y gestión de estos territorios se movilicen y planteen demandas, incluso legales si corresponde, contra todos aquellos que sean responsables de este fenómeno trágico. El resto de las y los habitantes de este país, es hora, de tomar conciencia que nuestros actos de consumo son la fuente última de esta tragedia.

 

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

Presidente

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